Negocio a costa del esfuerzo ajeno Bitácoras

Viernes, 20 Junio   

Dice así el pensamiento: «Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino». Viene a decir, que seamos los primeros en abrir camino, pero no como dioses, sino con la virtud de entrar en sí mismo, en lo más profundo de la propia entidad, ahondando en esa dimensión de persona, para donarse como los hijos del verso y la palabra. Lo malo es que hay tantos pedruscos en cada paso, que no hay siesta suficiente para tomar aliento. Hasta el aire nos lo han adoctrinado para que la confusión nos vuelva de un lirismo idiota sin precedentes. Las ideas van de acá para allá, a la velocidad de las galaxias, pero cada cual las toma como puede o le dejan.
En todo caso, pienso que no es fácil en los tiempos que corren oírse, hallarse en el esfuerzo interior para poder discernir el esfuerzo colectivo que nos interesa. Realmente, son muchas las fuerzas contrarias, las corrientes exteriores que nos pierden. Hay esfuerzos que no vale la pena gastar energía alguna. Sin embargo, otros bríos, como respiran las anteriores sílabas de Mistral, accesibles a todo bicho viviente, una vez acogidas en el pensamiento y en la vida, seguro que nos transforman sometiendo los pronombres a la conjugación de todos los tiempos; creando praxis, costumbres y usos que nos solidarizan. Por desgracia, entre los moradores existen muchas soledades pobladas de dioses aburridos, que sólo se quieren a si mismo, y que su esfuerzo no pasa de su imagen, de la primera conjugación: primero yo, después yo, y, si sobra algo, para mi también.

El mayor de los esfuerzos se lo lleva la familia unida, la de siempre. Luego explicaré por qué. Lejos quedan también esos matrimonios llamados, por tradición mística en brazo de los siglos, a ser una flor en el jardín de la vida, crecientes en ternura y en el esfuerzo compartido, frente a una mentalidad egocéntrica e individualista que impera en la sociedad actual, donde todo se despersonaliza y lo único que se personifica es el negocio contractual, con los consabidos resultados evasivos: lechos a solas con residencia donde habite el olvido, baños en alcohol y drogas, planeamiento de venganzas¿ Desde luego, hoy en día la familia que lo es, tanto de puertas adentro como de puertas afuera, porque la estabilidad no brota de la noche a la mañana, sino en el esfuerzo diario, lo que exige sacrificio y búsqueda incesante de comprensión mutua, ayudan a la sociedad, sean creyentes o no lo sean, a respirar los auténticos valores humanos.

Pienso que la lección del amor es un buen repelente para los negocios descarados que nos meten por los ojos. Aparte de que el esfuerzo familiar para pagar la hipoteca esté ya en el límite, cohabitan otras barreras que aún no se han levantado por mucha legislación dictada, lo que no quiere decir que se aplique.